Bahumati y ekamati (25/11/1959)

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( Impreso en castellano en Mensajes de Sathya Sai, Tomo 01 cap. 24 )

Bahumati y ekamati

25 de Noviembre de 1959

Madakasira

Aunque esta área y esta ciudad no son nuevos para mí, es ésta la primera vez que la mayoría de ustedes me ven. Cuando se preparan unos platos más, un día pasa a ser festivo. Por eso cuando se celebran aquí las Competencias Atléticas del Distrito es un festival para los muchachos y estudiantes así como para los padres y otros interesados en el bienestar del país. Todos han puesto una cara alegre olvidándose de las tareas diarias. Han presenciado las competencias y los juegos y disfrutado del ansia y entusiasmo de los participantes. Los estudiantes sentados ante nosotros son los instrumentos con los cuales habrá de ser formada la India de mañana. Sus maestros, que también se encuentran aquí, tienen suerte realmente; pues el destino les ha asignado la noble tarea, la oportunidad dorada de servir a los intereses del pueblo de esta agradable manera, de pasar su tiempo en compañía de muchachos inocentes y frescos. El padre, la madre y el maestro son los tres responsables primordiales en la forja del futuro país. De éstos, el maestro tiene el papel más importante, pues es especialmente adiestrado y seleccionado para la tarea; él la emprende voluntariamente y por lo tanto debe llevarla a cabo empleando al máximo sus habilidades sin vacilación; el niño, los padres y el público, todos tienen confianza implícita en él y esa confianza debe ser pagada con un servicio honesto. Él es honrado y respetado por los niños y por el público como el gurú, con todas las santificadas asociaciones de esa palabra. Puede ser pobre, abandonado por sus superiores, pero la satisfacción que saca de su silencioso trabajo creativo es suficiente compensación. El maestro nunca debe maldecir a sus alumnos no importa cuál sea la vocación; él debe siempre bendecirlos. Si él jura como un patán, a patán se reduce.

Él debe vigilar rigurosamente su comportamiento y ver si ti algún hábito o rasgo negativo que de imitarlo los alumnos sería dañino. De otro modo, estará enseñándoles hipocresía a los niños alentándolos a que adquieran la maña de que no los descubran. Es pura debilidad mental y cobardía el permitir el desarrollo de hipocresía. Si tienen el valor de enfrentar las consecuencias, nunca proferirán una falsedad.

El maestro no debe tratar de mandar por el medio fácil temor, pues esto está lleno de peligrosas consecuencias para los alumnos. Empleen más bien el camino del amor. Los maestros deben adoptar la disciplina de la repetición del nombre y de la meditación; esto les dará la tranquilidad interna que tanto necesitan. Deben crear una atmósfera de vida sencilla y de altos pensamientos, pues los alumnos inconscientemente los aceptan como héroes y empiezan a imitarlos. Deben transmitir a la generación venidera las riquezas que las generaciones pasadas han acumulado, o sea, las disciplinas y descubrimientos espirituales. Apréndanlos ustedes mismos y enséñenlos a sus alumnos. Esto les permitirá descargar la deuda que tienen con los rishis de la antigüedad. Yo sé que cuando siembran semillas amargas no pueden cultivar granos dulces. Sin embargo, hay ciertas cosas que son posibles hasta bajo las limitaciones de los programas y cursos de estudio.

La señal inconfundible de la lluvia es el piso mojado; así también, la señal de una persona que ha tenido algunos años de instrucción son las buenas maneras; debe tener humildad y saber que el campo del conocimiento es tan amplio que ha sido incapaz siquiera de tocar el borde del mismo; debe tener conciencia de su parentesco con toda la humanidad y debe mostrar ansia de servir a los demás, en todo momento, con alegría y sin deseo de publicidad. El muchacho educado debe moverse entre los demás de manera libre y amistosa. Dios es la fuerza motriz en cada uno, está detrás de todos los buenos impulsos y las actitudes útiles. Todos ustedes son cuentas separadas ensartadas en un solo hilo: Dios. Por eso el odio es feo, innatural e inhumano; está contra el centro de amor que hay en cada quien. Respeten siempre la opinión y el punto de vista ajenos. No empiecen una disputa por la más mínima diferencia de opinión. El otro puede tener la razón y ustedes estar equivocados. Reflexionen sobre el argumento del otro; podría tener la ventaja de saber más acerca del tema o ustedes pueden estar prejuiciados a favor o en contra; o él puede saber más que ustedes. Todas las diferencias de opinión no se deben al odio personal, recuerden.

Por encima de todo, debo decirles una cosa. Honren a sus padres y a los aldeanos entre los cuales crecen. Agradézcanles a los padres los cuidados y sacrificios que hacen por ustedes. Sean también agradecidos con el pueblo donde vieron la luz por primera vez. ¿De qué sirve que después de haber nacido y crecido en la cuna de su amor, corran a algún otro sitio y hagan ese sitio un lugar mejor? Vuelvan siempre la atención hacia su pueblo y busquen la forma de mejorarlo. Esa es la gratitud que deben mostrar.

Luego, sin falta, dominen las materias previstas en sus programas de estudios; pero junto con ellas, estudien también los principios del sanathana dharma, de la eterna moralidad o deber. No lo desprecien por ser eterno, por que venga desde muy antiguos tiempos. Ha resistido la prueba de los siglos y es capaz de darles alegría y paz hoy mismo. Es como una amante abuela, ansiosa y capaz de nutrirlos con ricos manjares. Ustedes no permitirán que semejante abuela se muera de abandono, no es así? Una vez, un avaro vivía en una casa que se goteaba; el agua de la lluvia entraba por el techo pero él lo aguantaba todo. Los vecinos se reían de él y le decían que reparara el techo. Pero en la época de las lluvias replicaba: «Dejen que se acaben las lluvias; ¿cómo puedo repararlo ahora?» y cuando cesaban las lluvias, él aducía: «¿Por qué he de preocuparme de las entradas de agua ahora que ya no llueve?» No soporten las goteras cuando vengan las lluvias, que siempre vienen; reparen el techo ahora mismo. O sea, familiarícense con los libros y textos espirituales ahora mismo; empiecen con las primeras lecciones de silencio, oración y el canto del nombre del Señor. No es nunca demasiado pronto en el reino espiritual.

Ahora que se ponen chaquetas deportivas y se pavonean en pantalones, causando envidia entre los niños pequeños que no pueden darse ese lujo, se sienten gozosos. Pero podrán sentirse legítimamente orgullosos sólo cuando sean capaces de controlar los caprichos de la mente y dirigir sus emociones y deseos por canales honorables y sanos, enfrentándose hasta a la burla de sus llamados amigos. Esa es la verdadera libertad, el verdadero éxito. Si alcanzan este estado, se volverán experimentados conductores y se les podrá confiar el volante en cualquier camino con cualquier carga, no importa lo valiosa que ella sea. De esta manera no se causarán daño a sí mismos ni a otros. Entonces merecerán ser líderes.

Sean ansiosos y celosos por saber más y más acerca del arte del vivir feliz, del vivir jubiloso y tranquilo. Sólo se puede adelantar paso a paso y hay el peligro de resbalar dos pasos cuando trepan uno. Lo que importa es la determinación de subir, la resistencia con la cual se combate la tendencia a resbalar, el anhelo de elevarse, de progresar, de conquistar los impulsos e instintos bajos. Si tienen esto, surgirán dentro de ustedes ocultas fuentes de poder; la gracia del Señor suavizará su camino. Mantengan el ideal al frente de ustedes; sigan adelante. En el estudiante de hoy está el maestro de mañana y el director después. ¿Cómo? Por el estudio, por el desarrollo de un carácter confiable. Sólo aquellos que tienen ideales son respetados y recordados con gratitud por la posteridad. Rama es honrado y adorado mientras que Ravana es execrado. ¿Por qué? Por el carácter que demostraron.

Tengan el progreso de su país, de su sanathana dharma y de su propio ser delante del ojo de su mente. Permitan que el hambre y el deseo de servir a estos tres crezcan más y más. Entonces sus estudios servirán a un propósito y un sentido de misión. Así, adquirirán temor del pecado, temor del Dios interno, temor del mal, respeto por los mayores y fe en sí mismos.

Una cosa más. No hagan nada que provoque las lágrimas de sus padres. Hónrenlos y obedézcanlos. No los condenen por anticuados. «Lo viejo es oro». Hablan debido a una mayor experiencia del mundo y de sus trucos.

Bueno, Anjanappa y otros me han pedido que les distribuya los bahumatis a ustedes. Ellos querían decir que yo distribuyera los premios, pero bahumatis significa «mente múltiple». ¡Ahora bien, yo nunca doy este tipo de mente! Insisto siempre en una mente centrada en un propósito (ekagratha). Anjanappa expresó el deseo de que yo les diera algún alimento consagrado (prasadam). Mi prasadam es siempre Anandaprasadam o sea el alimento mismo de la bienaventuranza. Esto se puede obtener sólo centrando la mente en un solo punto (ekamati). No me gusta esta competencia y estas rivalidades, este cultivo del egoísmo por medio de premios y clasificaciones. Estoy seguro de que ninguno de ustedes aquí se dejará afectar por el orgullo o por el desaliento. Tomen el fracaso con tranquilidad y tomen la victoria también con tranquilidad. Esto último es un ejercicio mental muy difícil. Los ganadores deben agradecerles su victoria a los perdedores, pues si éstos hubieran desarrollado sólo un poquito más de esfuerzo, hubieran ganado los premios. Los perdedores, al correr lado a lado con ustedes, también los impulsaron a correr más rápido y así los animaron a ganar. Ellos les dieron el ánimo para que lo pusieran en ese paso extra que les trajo el premio.

¡Y los perdedores! Les pido que no pierdan la confianza en sí mismos. No den demasiado valor a la victoria ni demasiada importancia a la derrota. Aun cuando fallen en los exámenes, no se desesperen ni hagan tonterías como la de atentar contra sus propias vidas. La vida es mucho más preciosa que eso. Nacieron para cosas mucho más importantes que el pasar en los exámenes. Sean valientes y pacientes. No está perdido todo si no pasan un examen que pone a prueba sólo un aspecto de su inteligencia. Su destino no depende de las notas de los exámenes; depende más de su carácter, de su voluntad y de la gracia de Dios.

El director expresó el deseo de que este plantel sea una escuela secundaria. Yo bendigo y deseo que pueda ser elevada a ese nivel pronto y devenga fuente de luz y cultura para esta parte del país.

Madakasira, 25-11-1959.