Hay muchos obstáculos a lo largo del camino de la devoción. Las dificultades están destinadas a limpiar el corazón y dejarlo pulcro y puro. Algunas personas acusan, critican y desprecian o condenan a Dios cuando atraviesan dificultades. Cada uno tiene que enfrentar las consecuencias de sus propias acciones. Dios permanece inafectado. Dios es puro, inmaculado y sagrado. Dejen que la gente diga lo que sea, permanezcan tranquilos y calmados. No entablen discusiones innecesarias con nadie, esto sólo engendra enemistad. Siempre hablen suave y dulcemente con una rostro sonriente. Eso silenciará a los críticos. La sonrisa es la mejor respuesta a la crítica. Cuando Pablo continuó acusando a Jesús, Él se le acercó amorosamente y le dedicó una agradable sonrisa. La dulzura en la sonrisa nectarina de Jesús, transformó el corazón envenenado de Pablo. Por lo tanto, estén siempre alegres, aún en tiempos de adversidad. Siempre tengan una cara sonriente, nunca caminen con una cara llena de amargura. La felicidad yace sólo en la unión con Dios. Discurso  del 25 de diciembre de 1998.

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