Discursos dados por Sai Baba – 02. 19/01/69 Un ramo de bienaventuranza

Discursos dados por Sai Baba

{SB 09} (30 de 35 discursos 1969)

02. 19/01/69 Un ramo de bienaventuranza

( Impreso en castellano en Mensajes de Sathya Sai, Tomo 07 cap. 8 )

Un ramo de bienaventuranza

19 de Enero de 1969

Rajahmundry, Anantapur

Cursos de Cultura India y Espiritualidad

LA ESPACIOSA MANSIÓN llamada Sanathana Dhanna (Sabiduría Eterna) fue erigida por los sabios del pasado para asegurar vidas apacibles y prósperas a las generaciones siguientes, pero debido a la negligencia de los propios beneficiarios, se ha vuelto inhóspita y está siendo condenada como inhabitable. La paz y la alegría que estos sabios esperaban para los hijos e hijas de la India han desaparecido de sus caras; hoy en día son visibles sólo en las caras de estos pequeños sentados delante de mí, que estudian en esta escuela, así como de los niños de todas partes. Cuando crecen, la alegría se vuelve dolor y la paz se convierte en ansiedad. Los mayores han perdido el arte de recobrar y retener la alegría y la paz.

Estos niños son encantadores retoños, plenos de promesas, que con cuidado sabio y amor bien dirigido, pueden florecer en ciudadanos ideales, capaces de comprender, apreciar y practicar la dura disciplina establecida en el Sanathana Dharma para lograr el autoconocimiento y el conocimiento del universo, que es sólo otro aspecto del ser. Los primeros años de vida son los más cruciales, y así, la madre y el padre deben compartir la responsabilidad de la crianza apropiada. Las habilidades, las actitudes, los prejuicios, las emociones que forman o deforman el futuro son construidos sobre los cimientos del carácter colocados durante estos años cruciales. Los padres deben cuidar que las bases sean fuertes y rectas. Pero, ¿qué herramientas tienen ellos ahora para esta tarea? Carecen del conocimiento profundo de su propia cultura, no tienen ninguna fe en sus valores, no practican ninguna disciplina espiritual, no tienen paz mental. Los niños deben crecer en una atmósfera de reverencia, devoción, servicio mutuo y cooperación, se les debe enseñar el respeto a los padres, maestros y mayores. Ahora aprenden sólo máximas librescas, carentes de ningún impulso sincero de ponerlas en práctica.

Aun como niños deben conocer las asombrosas obras de Dios, y la más asombrosa de todas, la que ellos mismos son. Pueden comprender bien que no son meramente un cuerpo con dos manos y dos pies, una cabeza y un estómago; pueden visualizar una fuerza dentro de sí que dirige todos sus actos.

Sus padres y maestros pueden utilizar estas grandes verdades por medio de los cantos devocionales y de escuchar las historias y textos de las diversas escrituras acerca de Dios.

Aprendan el abc de su propio alfabeto; entonces serán capaces de guiar a sus hijos en el estudio del alfabeto de sus vidas. No ridiculicen a sus hijos cuando muestran inclinación por visitar un templo o una santa ermita. Anímenlos a asistir a las sesiones de cantos devocionales y de meditación; asistan ustedes mismos a ellas. Desechen la superstición de que la meditación y la repetición del Nombre divino pueden esperar para los últimos años de la vida. Este momento es el más apropiado para cada uno; ningún momento es demasiado pronto. Condenen el mal y elogien lo bueno tan pronto como noten cualquiera de ellos en sus niños; esto los pondrá en el camino correcto. Hay muchos padres que delante de sus hijos beben, juegan y mienten abiertamente, envenenando así las tiernas mentes de su progenie. Cuando el padre le pide al hijo que le diga a un visitante que no está en la casa, se siembra la semilla de la deshonestidad.

No recarguen los tiernos cerebros con toda clase de escombros, trozos de información que nunca se utilizarán, hechos que tuercen los hilos de la verdad; no siembren odio ni desprecio por ninguna clase, casta, religión o culto en las vírgenes mentes de los pequeños. Enséñenles el hábito de la oración diaria, cuando se levantan y cuando se acuestan al terminar el día. Háganlo ustedes mismos; encontrarán que añade calma y contento. Es por ellos que trabajan, es para hacerlos libres de ansiedad que los cuidan; sacrifican sus propias comodidades a fin de asegurar que ellos pasen sus días con comodidad. La intención es legítima, pero la comodidad no lo es todo. ¿Están practicando la hermandad, la tolerancia, la ecuanimidad, la caridad, la compasión? Éstas son las armaduras que protegen a la mente contra las flechas de la aflicción y el dolor.

Los padres primero, los maestros luego, los compañeros de juegos y de clase después, y los líderes que comandan la adhesión de millones, todos tienen que estarse examinando a sí mismos constantemente, para ver si son ejemplos apropiados para ser seguidos por los niños de esta tierra. Los mayores deben reverenciar al maestro para que el niño pueda reverenciarlo; cuando el maestro vaya a su casa, hónrenlo, para que su hijo pueda honrarlo y obedecerle. Esto inducirá al maestro, también, a hacerse merecedor de respeto; lo hará ser consciente de su papel. Esta escuela que lleva mi nombre tiene una alta responsabilidad: debe inspirar a todas las escuelas de esta región a tratar a los pequeños con amor y cuidado y a llenar la atmósfera de la escuela con la fragancia de la divinidad.

Rajahmundry

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