Viveka y vairagya (22/07/1958)

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( Impreso en castellano en Mensajes de Sathya Sai, Tomo 01 cap. 10 )

Viveka y vairagya

22 de Julio de 1958

Gudur

Están todos ustedes de pie afuera, en la carretera y algunos hasta encaramados en los árboles; de veras es realmente cruel de mi parte hablarles por mucho tiempo. Mas a pesar de estos inconvenientes, me parece que anhelan oír mis palabras, así que voy a satisfacerlos. Bien, el hombre es divino, créanmelo; en realidad está aquí en una misión divina, para un fin divino. El considerarlo bajo o débil o pecador es gran error. Esto es en sí pecado enorme. El hombre debe ganar su derecho de primogenitura, o sea, la paz. La ausencia de paz (ashanti) es para él un estado contranatural. Su verdadera naturaleza es la paz. Para recuperar su herencia de paz, el hombre emplea varios procedimientos: la acumulación de riquezas, el mantenimiento de la salud, la maestría de conocimientos, el cultivo de las artes. Sin embargo, éstos no son básicos. Tres necesidades fundamentales subsisten después de haber intentado esos procedimientos: la necesidad de realidad, la de luz y la de inmortalidad. Sólo al ser alcanzadas sath (la realidad), jyothi (la luz) y amritham (la inmortalidad) es cuando se establece la paz.

De nada sirve dedicarse a argumentos y discusiones; aquel que habla muy alto no ha aprehendido la verdad, créanmelo. El silencio es el único idioma del hombre realizado. Practiquen la moderación en el habla. Esto les ayudará de muchas maneras. Desarrollará el amor (prema), pues la mayoría de los malentendidos y tumultos surgen de palabras pronunciadas al descuido. Cuando resbala el pie, la lesión sufrida puede sanar; mas cuando resbala la lengua, la herida que causa en el corazón del otro se encona y dura toda la vida. La lengua es propensa a cometer cuatro grandes errores: decir mentiras, armar escándalos, encontrar fallas en los demás y hablar con exceso. Todos estos errores deben evitarse si ha de haber paz para el individuo y para la sociedad. El lazo de fraternidad será más fuerte si la gente habla menos y cuando lo hace dice cosas dulces. Por esto se les prescribía el silencio como voto a los sadhakas en los Sastras. Todos ustedes son sadhakas en distintas etapas del camino y esta disciplina es igualmente valiosa para ustedes.

El prema o amor es lo que el individuo y la nación deben cultivar ahora para su progreso. El Indostán se hizo grande debido a la atmósfera de prema que respiró el país durante siglos. El prema debe transformar otra vez todas las relaciones: sociales, económicas, educacionales, profesionales, familiares, religiosas, legales y otras. El padre debe amar al niño con mayor intensidad e inteligencia; la madre, derramar amor sobre todos los que se aproximan a ella; los niños, amar a los sirvientes, etc. El sentido de igualdad de que cada quien es el repositorio de la divina esencia debe transmutar el comportamiento social e individual.

¡Pueden ustedes llamarme Premaswarupa (forma o encarnación del amor divino)! ¡No se equivocarán! Prema es la riqueza que tengo y la que derramo entre los miserables y los afligidos. No poseo otras riquezas. La gracia del Señor está fluyendo siempre como la corriente eléctrica por el cable. Pongan una bombilla y la corriente, en la medida del voltaje, iluminará su casa. La bombilla es el sadhana que ustedes realicen; la casa, su corazón. Vengan a mí con alegría; sumérjanse en el océano y descubran su profundidad; de nada sirve zambullirse cerca de la costa y jurar que el mar es poco profundo y no tiene perlas. Sumérjanse profundamente y obtendrán sus deseos.

Recuerden, la espada de prema debe mantenerse dentro de la vaina del discernimiento (viveka). Los sentidos (indriyas) deben controlarse rigurosamente con discernimiento y desapego (vairagya), las dos aptitudes gemelas dadas de modo exclusivo al hombre. El discernimiento lo instruye acerca de cómo elegir sus ocupaciones y sus asociados. Le dice acerca de la importancia relativa de los objetos e ideales. El desprendimiento lo salva del demasiado apego y transmite una sensación de alivio en momentos de júbilo o desesperanza. Son las dos alas que levantan al pájaro en el aire. Sostienen delante de ustedes la impermanencia del mundo y la permanencia de la bienaventuranza de la realidad. Los anima a que dirijan sus vidas hacia las prácticas espirituales y la siempre cumplidora contemplación de la gloria del Señor.

Gudur, 22-07-1958.