Enciendan las lámparas del amor (8/07/1968)

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( Impreso en castellano en Mensajes de Sathya Sai, Tomo 06 cap. 50 )

Enciendan las lámparas del amor

8 de Julio de 1968

Kampala, Uganda

LA VIDA EN LA tierra es como en el océano, siempre agitada, con olas de alegría y dolor, de pérdidas y ganancias, las corrientes tormentosas de deseos, los remolinos de pasión y los vientos huracanados de codicia y odio. Para cruzar el océano, la única balsa confiable es un corazón lleno de amor por Dios y por el hombre. El hombre nace para un alto destino, dueño de un rico

r caudal hereditario. No debía malgastar sus días en bajos propósitos y vulgares vanidades. Su destino es conocer la verdad, vivir en ella y por ella. Sólo la verdad puede hacer al hombre libre, feliz y valiente. Si no está impulsado por este alto propósito, la vida es una pérdida, un mero agitarse en las olas, pues el mar de la vida nunca está tranquilo.

El hombre busca obtener contento y alegría subyugando las fuerzas de la naturaleza a su frágil voluntad, pero todos los esfuerzos por establecer el domino sobre la naturaleza y para gobernarla o emplearla para su propio engrandecimiento van a fallar, y repercutirán sobre el hombre con un impacto mortal. En la India se conoce bien la historia del Ramayana. En esta historia, Ravana codició a Sita, la hija de la tierra (es decir, la naturaleza). No mostró ningún apego por el Señor de la naturaleza, es decir, por Rama (Dios); buscó conocer a la naturaleza, no al amo de la naturaleza, Rama, el esposo de Sita. El castigo que pagó fue terrible; pereció en las llamas de su propia pasión insensata. El vasto imperio que había desarrollado tan laboriosamente quedó en ruinas. Cayó entre los cuerpos de los héroes que le habían guardado inconmovible lealtad. Ravana era un gran erudito; había ascendido al más alto pináculo del ascetismo y ganado muchos poderes sobrenaturales, pero como no se inclinaba ante el amo de la naturaleza, sufrió una irremediable condenación.

Cuando sus pasos van dirigidos a Dios, el hombre no tiene ningún motivo para temer; pero cuando se va alejando de Dios, el temor lo persigue a cada momento. Dios es la fuente de la más alta felicidad. Las personas quieren felicidad, pero aceptan como genuina la falsa felicidad que dan los sentidos. Nadie sabe que la naturaleza no es sino la vestimenta de Dios. Nada es real salvo Dios. Cuando el sol de la mañana se levanta por encima del horizonte y ustedes se alejan de él, su sombra se alarga y pavonea delante de ustedes. Esa sombra es maya, la ilusión primigenia, la ignorancia básica; engaña y esconde la Verdad y la reviste del disfraz de la falsedad. Para eliminar a la maya y escapar a su sombra, deben caminar hacia el sol; entonces la sombra caerá detrás de ustedes. Cuando el sol (que es la fuente de la razón y la inteligencia) se eleva cada vez más alto, la sombra se acorta y disminuye hasta que finalmente, cuando el sol está justo encima de gustedes, la sombra o maya se agazapa a sus pies, entregándose, y la pueden pisotear. Así también, cuando su inteligencia superior domine, la maya no podrá echar su malvado hechizo sobre ustedes.

En el himno Gayatri, que se halla en los Vedas, recitado tres veces al día por millones de personas, se pide por el despertar de la inteligencia para que al brillar como el sol en el cenit, la niebla del engaño quede destruida. Entonces las olas de indecisión y decisión que confunden, contradicen y enredan quedan aplacadas. Éste es el proceso del yoga o la detención de la mente errante, tal como Patanjali la definió hace siglos. La devoción es también un yoga, un proceso para eliminar o transformar la mente en un instrumento para la realización de Dios. La devoción, sin embargo, ha sido diluida y rebajada a un ritual rutinario como el darles vueltas a las cuentas de un rosario, sentándose por determinadas horas delante de una imagen, ofrecer incienso, prender velas, sonar campanas, sumergirse en aguas sagradas o trepar por colinas para llegar a los santuarios. Éstos son actos que aquietan algunos impulsos y activan otros, los cuales pueden o no congeniar. La devoción no es un uniforme de penitencia que uno puede ponerse o quitarse cuando lo demanda la ocasión. Los policías llevan uniformes, con cintas y correas, pero cuando llegan a casa después de sus horas de servicio, se los quitan y se ponen otras ropas. La devoción no puede venir a ustedes a determinadas horas y hacerse a un lado cuando vuelven a la normalidad. Es una condición continua, constante, de la mente, una actitud reafirmada, un camino escogido y al cual se adhieren con ávida atención. ¡Hoy en día, el hombre se ocupa superficialmente en prácticas devocionales en las horas de la mañana, se regodea en las diversiones y los lujos para complacer sus sentidos durante el día, y se retuerce en la enfermedad en la noche! La devoción no es algo que debe «efectuarse» durante ciertos periodos cada día y ser remplazado luego por otras atracciones de moda. La devoción es una inclinación constante de la mente, un hábito de pensamiento, un modo de vida. Debe ser seguida lealmente no importa lo que suceda, así sea la deshonra, la aflicción, la desesperación, la privación, el placer, la prosperidad y el poder.

El verdadero devoto está profundamente consciente de la transitoriedad de los triunfos terrenales; sabe que la muerte es el árbitro final, que Dios es el único dispensador y, así, está firme y sereno, en la tempestad o en el buen tiempo. Él no resbalará ni trepará, suceda lo que suceda; sabe que el Dios que adora vive en la brizna de hierba y en la estrella más distante. Dios escucha las oraciones que se elevan en todos los idiomas y aun en el silencio de los mudos. No tiene ningún rasgo de ira o de preocupación. Ustedes tampoco tienen ninguna razón para desarrollar ira y ansiedad. Si sus dientes les muerden la lengua, ¿se ponen furiosos con ellos? ¿Rompen el diente que les duele tanto? No, pues los dientes y la lengua son ambos de ustedes, son ustedes. Similarmente, ustedes y la persona que los hiere son, ambos, miembros del mismo cuerpo, Dios. Sientan esta unidad y eviten el odio. Dios está buscando está visión interna; él bendice a aquellos cuyos corazones son tan vastos que pueden abarcar a todos Sus hijos. ¿Cómo puede él estar complacido cuando ustedes son tan egoístas y mezquinos que arrojan a Sus hijos del portal de sus corazones?

Deben tener primero una clara comprensión de la naturaleza de la meta Dios, la Divinidad, el Absoluto universal, cualquiera que sea su nombre de su grandeza, de su benevolencia y de su magnificencia. Entonces, esa comprensión por sí misma los impulsará hacia ella. Lo Universal del cual son una unidad es puro, verdadero, sin ego, ¡limitado e imperecedero. Contémplenlo y su innata humanidad, veracidad, pureza y eternidad se manifestarán cada día más.

Pueden haber acumulado riquezas, adquirido una profunda erudición y logrado salud y fortaleza, pero a menos que hayan ganado también una visión del Supremo Soberano y una aspiración de estar por siempre en el éxtasis de esa visión, todo lo que hayan ganado será sólo como trastos viejos. La India tiene una gran epopeya, el Mahabharata, que describe la guerra entre los Kauravas y los Pandavas. Los Kauravas tenían superiores recursos económicos y militares; se acercaron a Krishna, la encarnación del Señor en ese entonces, en busca de ayuda; pero se contentaron con recibir de él un gran ejército y grandes cantidades de pertrechos. Los Pandavas buscaron de él sólo su gracia, y el Señor accedió; ¡se puso de su lado solo y sin armas! Sólo sostuvo un látigo y condujo el carro de guerra de Arjuna! Eso fue todo; pero era todo lo que se necesitaba para la victoria. Los Kauravas fueron totalmente vencidos; los Pandavas ganaron un imperio y la fama eterna.

Si Dios está de su lado, tienen al mundo en su mano. Ésta es la lección que dan las escrituras de la India: «Abandona toda atadura al derecho y al deber; ríndete sin reservas a mí y yo te protegeré del pecado y te liberaré de ese triste ciclo de «entradas» y «salidas» del escenario de la vida. Puedes permanecer siempre en tu propia realidad de calma eterna». Eso es lo que aseguró el Señor.

La libertad y la luz son lo que el hombre requiere más que cualquier otra cosa; las necesita más que el aliento. Por eso es miserable cuando está atado y en la oscuridad, y lucha desesperadamente como un pez en la arena por regresar a Dios, que es su hogar, y a la bienaventuranza, que es su elemento. Él busca a Dios o a la bienaventuranza (que es otro nombre de Dios) arriba, en el espacio, abajo, en las entrañas de la tierra, solo o en abarrotadas congregaciones, en el silencio o en el ruido, cuando todo el tiempo la fuente misma de dicha está en su propio corazón; pero podrá aprovecharla sólo si sabe cómo morar en la ecuanimidad de la meditación profunda.

Muchos posponen la disciplina espiritual hasta la vejez; eso está equivocado. Gánense la preciosa recompensa mientras todavía son jóvenes y fuertes. Nunca es demasiado temprano para empezar. La lengua, el oído, el ojo, la mano y la mente deben ser adiestrados desde la infancia para evitar la maldad. Si éstos son mantenidos limpios y sacrosantos, se habrán ganado la gracia de Dios. Cuando la carne los impulse a caer en la falsedad, no cedan, manténganse firmes. Si el individuo es fuerte y firme, la familia prospera; si la familia prospera, el pueblo está feliz; si el pueblo está feliz, el país está seguro y fuerte; si los países están fuertes y seguros, el mundo está lleno de humildad y reverencia, caridad y paz.

Canten en voz alta la gloria de Dios y carguen la atmósfera de divina adoración; las nubes derramarán santidad por medio de la lluvia en los campos; los cultivos se alimentarán de ella y santificarán y nutrirán el alimento; el alimento inducirá impulsos divinos en el hombre. Ésta es la secuencia del progreso. Ésa es la razón por la cual yo insisto en el canto grupa¡ de los nombres del Señor.

El hombre es divino; puede purificarse en una perfecta divinidad mediante el proceso de meditación, adoptado con avidez y seguido con fe. En lo que respecta a la técnica de meditación, diferentes maestros y guías tienen métodos diferentes, pero yo voy a darles ahora el método más universal y más efectiva.

Aparten unos pocos minutos, al comienzo de cada día; luego, con seguridad extenderán el periodo al experimentar la emoción de la paz. Que sea en las horas antes del alba. Esto es preferible porque el cuerpo está descansado por las horas de sueño y las peregrinaciones de la vigilia todavía no han empezado a perturbar los sentidos y distraer su energía física y mental. Tengan delante de ustedes una lámpara, con una brillante llama, firme y recta, o una vela. La llama nunca pierde su fulgor, no importa la cantidad de lámparas que puedan encenderse con ella. Por esa razón la llama es el símbolo más apropiado del eterno Absoluto. Siéntense en la posición de loto o cualquier postura cómoda delante de la llama. Miren la llama firmemente y, cerrando los ojos, traten de sentirla dentro de ustedes, en su entrecejo. De allí, háganla bajar hasta el loto de su corazón, iluminando esa área. Cuando entre al corazón, en el centro del pecho, imaginen que los pétalos del botón del loto se abren uno a uno, bañando de luz cada pensamiento y sentimiento, cada emoción e impulso, y removiendo la oscuridad.

Ahora no hay espacio donde la oscuridad pueda refugiarse; tiene forzosamente que huir delante de la llama. Imaginen que la luz se vuelve más ancha, más grande, más brillante. Permea sus miembros; éstos ya no pueden ocuparse en actividades oscuras, malvadas y sospechosas. Se han transformado y ustedes están conscientes de ello en instrumentos de luz, es decir, de amor. La luz llega a la lengua. La falsedad, la calumnia, la arrogancia, el orgullo, desaparecen de ella. Llega a los ojos y a los oídos. Todo deseo oscuro que los infesta y mancha es destruido por la brillante luz de la sabiduría y la virtud. No más puerilidad, no más envenenamiento del oído. Hagan que su cabeza esté cargada de luz; todos los pensamientos malos o viciosos desaparecen, pues son habitantes de la oscuridad. Imaginen esa luz en ustedes, más y más intensamente, y así lo será. Hagan que brille a su alrededor, en círculos cada vez más amplios, incluyendo en su abrazo a sus familiares y parientes, a sus seres amados, amigos, compañeros; incluso a los extraños, contrincantes, rivales, enemigos; a todos los hombres en todo el mundo, a todos los seres: a toda la creación.

Hagan esto cada día, sin interrupción, por el tiempo que lo disfruten; háganlo profunda y sistemáticamente; llegará un momento en que ya no disfrutarán de pensamientos oscuros y malvados, ya no anhelarán leer libros oscuros y siniestros, ya no ansiarán más alimentos y bebidas tóxicas, ya no querrán manejar cosas que los rebajen, ya no podrán soportar que se inflijan infamias o injurias, ya no formularán planes malvados. Estarán entonces en el reino de lo divino, de la paz más allá de las palabras.

Quédense en esta emoción, atestiguando la luz, siendo la luz, en todas partes, para todos. Si están acostumbrados a adorar a Dios bajo determinada forma, visualicen esa forma en la luz, pues la luz es Dios y Dios es luz. Cuando la luz encuentra la luz, todo es luz. No hay límites entre su luz y la luz de Dios; se funden, se complementan.

En esta intranquilidad que está confundiendo al mundo, deben buscar paz espiritual suprema; en esta paz espiritual pueden visualizar a prakanti (supremo resplandor) y en este prakanti experimentarán al inmanente, trascendente, ¡limitado y benigno esplendor, paramjyoti; en este paramjyoti se experimenta al universal y eterno Absoluto, el Paramatma. Cuando lo individual encuentra lo universal, se vuelve universal. Yo y «yo» se vuelven nosotros; nosotros y él se vuelven sólo nosotros. Practiquen esta meditación regularmente cada día. En otros momentos, repitan el Nombre de Dios, cualquier nombre que despierte en ustedes el espíritu de adoración y devoción, teniendo siempre cuidado de estar intensamente conscientes de su poder, misericordia y magnificencia.

Deseo que la gente de Kampala que esté interesada en su progreso espiritual se reúna en grupos para cantar bhajans y adore a Dios y cante su gloria. No es suficiente si se reúnen por miles en las ocasiones en que un gran santo o un sabio venga a la ciudad; deben hacerlo como un deber para consigo mismos. Reúnanse una vez a la semana o más a menudo; canten bhajans, lean algún libro espiritual que los inspire a una mayor práctica espiritual, mediten por algún tiempo, y luego.váyanse refrescados y fortalecidos. Alimenten su pequeña lámpara con el aceite del entusiasmo que proveen las buenas compañías. Siempre que sea posible, pueden también ir por las calles cantando a coro el Nombre de Dios. En la India esto se llama nagarasamkirtan; despierta, en todos los que lo oyen y participan, la conciencia de vivir en el regazo de Dios; se hace antes del amanecer, cuando el horizonte está bañado por el resplandor de la salida del sol. El día comienza con las alabanzas al dador de todos los dones, el sostenedor de la vida, el dispensador de fortaleza y solaz. ¡Personificaciones del Amor!: cultiven un amor puro, sin la mancha de los deseos egoístas. Compartan ese amor con todos sus hermanos y hermanas de todas las creencias, razas y religiones. Cuando sus vecinos oran a Dios, ¿no sienten un parentesco con él? ¿No está él, en su angustia, pidiendo los mismos dones al mismo Dador? Puede que los pida en otro idioma, con otro estilo, con las formalidades de otro credo, pero su hambre y sed son las mismas que las suyas, su felicidad y su aflicción son las mismas que las de ustedes. Compartan esa felicidad; compartirla la realza para ambos. Compartan esa aflicción; compartirla la disminuye y la hace menos intensa. Dejen que su amor fluya a los corazones de otros. El agua estancada se va pudriendo; las aguas corrientes son frescas y límpidas. El amor es bienaventuranza, el amor es poder, el amor es luz, el amor es Dios.

Vendré a verlos de nuevo el año próximo, y entonces me quedaré más tiempo para recibir su amor. Seré feliz cuando cada uno de ustedes se vuelva una lámpara de amor que derrame virtud y pureza en todo su alrededor.

Kampala, Uganda

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