Inspiración, no imitación (01/10/1968)

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( Impreso en castellano en Mensajes de Sathya Sai, Tomo 06 cap. 63 )

Inspiración, no imitación

1 de Octubre de 1968

Prashanti Nilayam

HE VENIDO PARA restablecer el dharma (la rectitud, la justicia) y por eso insisto siempre en que la gente observe el dharma en todos los campos de la vida. El dharma es la voz interna de Dios. Es la conciencia que ha ido formándose como resultado de siglos de experiencia y generaciones~de ascetismo y renunciación; es la voz de la historia, que les advierte contra la violación de su mandato. Los he llamado a todos para decirles algo que concierne al área de Andhra, especialmente con respecto a la organización de Centros Sai allí, pues antes de que emprendan la tarea de establecerlos y manejarlos deben estar conscientes del por qué y para qué, más que del cómo y del cuándo. Hay miles de instituciones esparcidas por la Tierra, creadas para elevar, educar y adiestrar a la gente en los varios campos de la vida. Nacen, viven bien o mal por algún tiempo y luego declinan y desaparecen. La «mortalidad infantil» es de las más altas entre estas instituciones, pues hay entusiasmo sólo para empezar, mas no para sostenerlas.

El único objeto de los Centros de Servicio Sathya Sai, el aliento vital que los hace florecer, es la conciencia de la unidad de todos como Uno. Pero la política de la proliferación ataca también a los Centros, y diez hombres se vuelven once instituciones. Como en la política, aquí también las facciones, la competencia, el clamor por el poder y autoridad y la codicia por los cargos levantan su cabeza. La gente no es capaz de resistirse a la infección de una atmósfera de elecciones y partidos. Tales tácticas y tendencias no son apropiadas para asociaciones de aspirantes a la unidad espiritual.

Los Centros Sathya Sai son construidos sobre el amor, florecen por el amor y se expanden por el amor. Ninguna otra emoción o actitud puede tener lugar allí. La Divinidad es el imán, la humanidad es el hierro. El amor es la fuerza que los une. Dios es el imán, el hombre es el hierro. La devoción o amor es la fuerza que atrae a los dos. La intranquilidad que aqueja al hombre debe desaparecer; él debe alcanzar paz interna profunda; ésa es la meta de las instituciones iniciadas por mí. Sírvanme y sírvanse a sí mismos siendo veraces, amorosos y activos y ejemplos de la verdad, el amor y el servicio a los demás. Algunas personas se quejan de que las unidades de esta organización están surgiendo demasiado lentamente. Para que un niño llegue a la edad adulta toma muchos años; para que una flor se desarrolle en una fruta llena de dulce jugo, toma mucho tiempo. Tengan paciencia y fe firme. No empiecen con despliegues y gritos para después caer llenos de antagonismos y debilidades. Tampoco deben imitar a otras instituciones u hombres y tratar de lograr lo que ellos han hecho en sus lugares. La inspiración y los canales por los cuales esa inspiración puede ser usada, debe surgir de sus propios corazones. El tratar de volverse Miras (gran devota del Señor Krishna) por imitación es una tarea imposible. ¡En Madrás inauguraron el Nagarasankirtan con autobuses repletos de devotos que cantaban a coro y que desfiló por las calles por cincuenta y seis kilómetros! ¿Cómo pueden hacer una cosa así en sus lugares? En vez de eso, puedo inspirarlos a inaugurar estas actividades de alguna otra manera; oren por guía y se les dará instrucción. Puede ser que yo les aconseje empezarlo silenciosa y dulcemente. Yo busco la calidad del esfuerzo espiritual, no la cantidad. Penetro al corazón y examino el motivo que impulsó la emoción, el sentimiento que conformó el esfuerzo. Una familia puede cantar la gloria de Dios y darles la vuelta a unas pocas casas en la misma calle; esto es loable en verdad. Aprecio la sinceridad y firmeza más que la ostentación y la pompa. No les he asignado la tarea de estos cantos de la madrugada como una obligación ineludible; juzguen las condiciones de su lugar y llévenla a cabo si éstas lo permiten. Esa actividad dará salud y alegría; los purificará a ustedes así como a otros y la atmósfera que todos respiran. Pueden conmover los corazones y hacerlos olvidarse de sí mismos en la emoción de la dicha interna. Primero ayúdense a ustedes mismos, luego sirvan a otros. Ésta es la más alta forma de autoayuda, pues los lleva a Dios y serán un buen ejemplo para otros.

Si sus circunstancias no les permiten participar en el sankirtan, quédense en su casa y canten solos en el silencio interno de su corazón. No lo hagan de acuerdo con una medida fija, tantas veces o tantas canciones en una sesión. El corazón no calcula los números; confiere un contento que es inconmensurable. Ese contento puede surgir sólo por medio de la fe. Cuando la mente vacila, la lealtad es débil; el amor desaparece y comienzan las facciones. Esta enfermedad afecta a los Centros, no sólo en Andhra Pradesh sino en todos los Estados. La gente que adora al mismo Dios, al mismo nombre y la misma forma, debe ser feliz en su propia compañía; todos deben cooperar en el programa de todos. No debe haber ninguna idea de superior o inferior. La gente se aleja y funda organizaciones rivales y compite para ganar miembros, ignorando los llamados de amor y devoción. Olvidan que todos sus esfuerzos son para adquirir la gracia y lograr sustituir al ego con Dios. La distinción que yo no veo entre un devoto y otro, ¿por qué ustedes la ven y disputan por ella? Es una confesión de su mezquina perversidad. Encuentro que tales actividades no espirituales han afectado a los Centros sólo en los lugares donde han ingresado personas «educadas». Los hombres sencillos continúan trabajando quieta y humildemente.

En algunos lugares la adoración la hacen personas a quienes se les paga por ello, y esto se hace también en algunas casas. Ahora bien, ¿cómo puede tener devoción una persona sólo porque ustedes le pagan unas monedas? No pido que se reciten elaborados mantras o se hagan complicados rituales; es suficiente si adoran a Dios en su mente o lo llaman una vez con todo su corazón. Son esos rituales, lo elaborado, lo que requiere dinero y arrastra a sus Centros al reino de la codicia, la maldad y el odio. El cerdo es condenado debido a su voracidad, el perro es difamado por su ira, así que no se dejen arrastrar a estos males. Manú dijo que compartir su comida con el huésped hambriento es equivalente a un gran sacrificio ritual. Pueden dedicarse a adorarme con ofrendas de flores para la imagen, y aun completar cien mil ofrendas de flores, lo que se llama Laksharchana; pero si al compartir las ofrendas de alimentos de ese día, ustedes ahuyentan a un hombre hambriento, su adoración es inútil. Los pétalos de loto con los cuales hicieron la adoración se vuelven insultos si sus corazones son insensibles ante el dolor de los necesitados.

Hubo una vez un aspirante espiritual que llamaba a Krishna con varios nombres que describían cada uno alguna faceta de su magnificencia. Oró: «Aléjate del rebaño de vacas que estás cuidando; ven a mí sólo por un momento y sacia mi sed». Así suspiraba debajo de un árbol, derramando lágrimas de angustia, cuando un viejo faquir se acercó a él; el aspirante le abrió su corazón y le pidió sus bendiciones para que pudiera realizar su anhelado deseo. Pero el faquir le dijo: «Dios está más allá de todas las formas; él no puede ser limitado por la forma; es esto y mucho más. ¿Cómo entonces puede aparecer ante ti en la forma que anhelas?» Esto aumentó la angustia del buscador y ansió todavía más la visión que había fijado en su mente. ¿Quién puede hablar de Dios como sólo esto y no aquello? Nadie puede limitar su libertad. ¿Debe él estar atado a lo que el faquir piensa de él? Él asume la forma deseada y le da al devoto el éxtasis que merece. Tengan esto en mente cuando sientan el impulso de denigrar a otros por su fe en otras formas y nombres.

Hubo una vez un pandit que ofreció enseñarle a un estudiante los cuatro grandes principios de la verdad (sathya), la rectitud (dharma), la paz (shanti) y el amor (prema). El primer día expuso acerca de la verdad y le dijo: » Te enseñaré mañana lo que es el dharma». Al día siguiente, el alumno no apareció. El maestro lo fue a buscar y atrapándolo, lo regañó. Aquél contestó: «Estoy practicando la verdad; aprenderé la segunda lección sólo después de haber dominado la primera». Ése era en verdad un verdadero devoto. Bajen hasta las profundidades para obtener las perlas. La persona que no se sumerge obtiene sólo la espuma; pero la que sí va hasta el fondo llega a la verdad. Sumérjanse, conozcan y experimenten; entonces tendrán la autoridad para conducir y guiar; de otra forma, no.

Prashanti Nilayam

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