Japa sahita dhuana (23/02/1958)

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( Impreso en castellano en Mensajes de Sathya Sai, Tomo 01 cap. 5 )

Japa sahita dhyana

23 de Febrero de 1958

Orilla del río Chitravati, Puttaparthi

El devoto que habló primero, déjenme que se los diga, estuvo renegando de Dios durante 25 años, y solamente desde hace cinco, después de conocerme, ha cambiado. Desde luego, muchas personas no han tenido ninguna experiencia que pudiera cambiarlas y por esto no hay que censurarles su falta de fe. También, este Seshagiri Rao recriminaba a su hijo y a sus hijas por venir a Puttaparthi, y se reprochaba a sí mismo por rehusarse tanto tiempo a venir. Un día, en Bangalore, en una casa frente a la suya hubo una función a la que había ido yo. Durante los bhajans, este hombre, indeciso, cruzó la calle y miró hacia el salón; yo me le acerqué, lo llamé y lo hice sentar a mi lado. Le invité a que viniera a Puttaparthi a que examinara y experimentara. Desde ese entonces ha estado conmigo; hace ya 18 años que llegó aquí por vez primera. Esta es justamente la razón por la cual he venido: para sembrar las semillas de la fe en la religión y en Dios. iQuizá hayan oído a algunas personas decir que me transformé en Sai Baba cuando me picó un escorpión! Bueno, los reto a todos ustedes a que los pique un escorpión y se transformen en Sai Baba. ¡Por supuesto que el escorpión no tuvo nada que ver con ello! De hecho no hubo ningún escorpión. Llegué en atención a los ruegos de los sabios, de los santos y de los sadhakas para restaurar el dharma.

Cuando hay señales de disturbio, aparece el policía; si la turba se vuelve incontrolable, acude el inspector; y si se pone violenta, el superintendente de policía debe hacerse presente en el sitio para dominarla. Si la situación empeora debe venir el inspector general mismo, ¿no es así? La actual es una situación de la cual el inspector general se está haciendo cargo por completo. Los mahapurushas, los mahatmas, los jñanis, los yoguis y los devansasambhuthas han tratado y estarán cooperando en la tarea de restablecer la justicia y el deber para despejar el camino con el fin de que el mundo alcance la paz.

La mayor carencia hoy en día es la falta de atmavichara, indagación en la naturaleza del atma. Es ella la causa de toda esta ausencia de paz (asanthi); si ustedes desean conocer la verdad acerca de sí mismos, entonces, aun cuando no crean en Dios, no errarán el camino. Todos los cacharros están hechos de lodo, todos los ornamentos han sido elaborados con oro, todas las ropas están confeccionadas con hilo. Hay unidad donde sólo se veía diversidad. La sustancia básica es una e indivisa. Esto es Brahma; esto es el atma, que es también vuestra propia sustancia básica.

Este atmavichara se encuentra mejor en los Upanishads. Al igual que el flujo de un río está regulado por represas y sus aguas se dirigen al mar, así también los Upanishads regulan y restringen los sentidos, la mente y el intelecto y nos ayudan a llegar al mar y a fundirnos individualmente con lo absoluto. Estudien los Upanishads con la intención de actuar en consecuencia, de poner en práctica los consejos.

El mirar un mapa de cierto país o el hojear una guía turística no les proporcionará la emoción de una visita real a ese lugar, ni les dará una fracción de la felicidad y conocimiento que ofrece un viaje por ese sitio. Los Upanishads y el Gita son únicamente mapas y guías; recuérdenlo. Les narraré la historia del labriego que, sentado en una reunión de devotos, escuchaba la exposición de un gran pandit acerca del Gita. Todos estaban maravillados por el erudito comentario que daba el pandit y sus sabias disquisiciones sobre cada palabra y frase; el labriego, aunque la exposición era de un nivel superior a su entendimiento, parecía poner cuidadosa atención pues casi todo el tiempo se la pasaba llorando. Cuando finalmente el pandit le preguntó por qué lloraba, sorprendió a todos por la sinceridad de su devoción, pues dijo que lo hacía por el apuro que pasaba el Señor, que tenía que estar sentado adelante en la carroza volteando la cabeza al tener que hablar tanto rato para convencer al lerdo Arjuna. «¡Cómo debe haberle dolido el cuello!», aseveró y lloró otra vez. Esto era verdadera devoción, un pasaporte seguro para la victoria espiritual. Se había identificado con los participantes del episodio y toda la escena se había hecho vívida para él.

No necesitan siquiera leer el Gita o los Upanishads, ustedes oirán un Gita especialmente hecho para ustedes si acuden al Señor en sus propios corazones. Él está allí, instalado como su propio conductor. Pregúntenle y Él responderá. Mantengan la forma del Señor ante ustedes cuando se sienten tranquilos en un lugar para meditar y tengan su nombre, o sea, cualquier nombre, en mente cuando hagan japa. Si hacen japa sin tener esta imagen o forma delante de ustedes, ¿quién va a dar la respuesta? No pueden estar todo el tiempo hablando consigo mismos. La forma o Rupa oirá y responderá.

Toda agitación debe cesar un día, ¿no es así? El dhyana o meditación sobre la forma y el japa del nombre son los únicos medios para esta tarea.

El secreto es que deben ser, pero no ser como en el sueño, cuando en lo más profundo de sí mismos están conscientes de que son. Mas el sueño está envuelto en maya o ilusión. Despierten de esa maya, pero sumérjanse en este sueño, que es el verdadero samadhi. Japa y dhyana son los medios por los cuales pueden lograr hasta la concretización de la gracia divina en la forma y con el nombre que deseen. El Señor tiene que asumir la que escojan y el que prefieran; de hecho, ustedes le dan forma. Por lo tanto, no cambien de forma ni de nombre; guarden los que más les agraden, no importa cuál sea la demora o la dificultad.

No se desalienten porque al comienzo no puedan concentrarse por mucho rato. Cuando aprenden a manejar una bicicleta, no adquieren en seguida la destreza de mantener el equilibrio. Empujan la bicicleta por un sitio descubierto y saltan, la mueven de un lado y luego del otro y hasta puede caerles encima la bicicleta durante muchos ensayos antes de que puedan montarla con destreza sin tener que preocuparse más por su equilibrio. Automáticamente, ya pueden hacer los ajustes necesarios para guardar el equilibrio, ¿no es así? Después de adquirir esta pericia, pueden andar por las calles y veredas estrechas y no necesitan un campo abierto; pueden manejar su vehículo por los sitios más poblados. Así, la práctica les proporcionará una concentración que los sostendrá en los ambientes más densos y en las situaciones más difíciles.

No piensen que yo me enojaré con ustedes si no me aceptan como su forma de meditación (Dhyanarupa). Esto no me preocupa en absoluto; tienen plena libertad de elegir el nombre y la forma que les den el aliento necesario. Cuando se medita, a menudo la mente se va detrás de otra cosa, toma otro camino. Tienen entonces que tapar ese hueco con el nombre y la forma y lograr que no se interrumpa el parejo fluir de sus pensamientos hacia el Señor; si vuelve a suceder, usen el nombre y la forma de nuevo, rápidamente. No le permitan a la mente que vaya más allá de dos lugares, de este lado del nombre y de aquel de la forma. Así no se desviará hacia un tercer lugar.

Primero, cuando se sienten a meditar, reciten algunos slokas o versos sobre la gloria de Dios, para que los pensamientos que andan sueltos se reúnan. Luego, paso a paso, mientras hacen japa, visualicen ante el ojo de la mente la forma que ese nombre representa. Cuando su mente se aleja de la recitación del nombre, llévenla a la imagen de la forma. Cuando se aleja de la imagen, condúzcanla al nombre. Dejen que more en esta o aquella dulzura. Tratada de esta manera es fácil domarla. La figura imaginada y dibujada se transmutará en el Bhavachitram o la imagen. Emocional, cara al corazón y fija en la memoria; gradualmente se transformará en el Sakshathkarachitra cuando el Señor asuma aquella forma a fin de cumplir con su deseo. Este sadhana o práctica se llama japasahithadhyana o japa acompañado de dhyana y les aconsejo a todos que la emprendan, pues es la mejor para los principiantes. A los pocos días se acostumbrarán y probarán la alegría de la concentración. Después de diez o quince minutos en las etapas iniciales y más tarde después de algún tiempo de este dhyana, hagan algo de manana o sea recuerden, revivan la paz y felicidad que tuvieron durante la meditación; o sea, traigan de nuevo a sus mentes la alegría que experimentaron. Esto les ayudará en su fe y en su devoción. Luego, no se levanten de repente y comiencen a andar por todos lados, reanudando sus ocupaciones. Desperecen los miembros lentamente, deliberadamente y gradualmente, y luego, vuelvan a sus deberes usuales. Prueben los frutos de la meditación y aprendan a saborearlos; esto es lo que quiero decir con este proceso de manana.

Cuiden también de su salud física. Satisfagan las exigencias de la naturaleza; el carro debe tener la gasolina necesaria para andar. De otro modo, la cabeza les dará vueltas y sus ojos se nublarán de puro agotamiento. ¿Cómo pueden estabilizarse los pensamientos del Señor en un cuerpo débil? Pero, no olviden el objeto de este cuerpo mientras cuiden de él. A una apisonadora de caminos se le pone aceite y carbón y otros tipos de combustibles. Pero, ¿para qué se mantiene en buenas condiciones? Para poder reparar la carretera, ¿no es así? Similarmente, recuerden que han encarnado para que puedan realizar el fin de este ciclo de nacimientos y muertes. Con tal fin, usen el cuerpo como un instrumento, nada más.

Volando de acá para allá, más y más alto, al fin, el pájaro tiene que posarse en un árbol para descansar. Así también, aun el hombre más rico y más poderoso busca descanso, o paz. La paz puede adquirirse tan sólo en una tienda: la realidad interior. Los sentidos los llevarán a un fango que los sumergirá más y más profundamente en alternante felicidad y dolor, o sea, en un profundo descontento. Sólo la contemplación de la unidad puede eliminar el temor, la rivalidad, la envidia, la codicia, el deseo todas las emociones que producen descontento. Cualquier otro camino dará sólo un seudocontento; un día vendrá en el cual ustedes arrojarán lejos todos estos juguetes y gritarán: «¡Señor, concédeme serena Paz!» El dacoit Valmiki rezó así; el ateo inveterado también tendrá que orar y pedir un día paz y descanso.

La gente atesora las vasijas de bronce y las toma por oro, pero tienen que pulirlas para que parezcan brillantes. Un día, se cansarán de este constante pulir y limpiar; rogarán: «Líbrame de esta frotadera; este nacimiento, este sufrimiento y esta agonía». La vida es corta; el tiempo vuela; su sadhana está yendo a paso de tortuga. ¿Cuándo van a decidirse a ir un poco más rápido? Su sadhana es como las respuestas que se escriben en el examen. Si obtienen sólo 5 o 6, entonces el examinador tachará hasta esto diciendo: «¿Para qué sirven estos pocos puntos? No lo llevarán ni aquí ni allá». Si se acercan a las notas pasables, entonces la gracia les dará justo un poquito más para que puedan pasar, siempre que hayan sido estudiantes diligentes y correctos.

Dedíquense a las buenas acciones, la buena compañía y los buenos pensamientos. Fijen su atención en la meta. Todavía no han comprendido el secreto de este advenimiento. Realmente tienen suerte, son más afortunados que muchos otros. Es sólo cuando Yasoda se dio cuenta de que por más que alargara la cuerda le quedaba siempre un poco corta para darle vuelta que descubrió que Krishna era el Señor. Así también, se darán cuenta de que cada descripción de mi Mahima se queda un poco corta frente a la realidad; y entonces se convencerán. Mientras tanto, si estudian los Sastras y se enteran de las características del Avatar del Señor, quizás obtengan un vislumbre de la verdad acerca de mí. No sirve de nada estar discutiendo y peleando entre sí; examinen, experimenten; entonces conocerán la verdad. No proclamen nada antes de estar convencidos; quédense en silencio mientras estén indecisos o en proceso de evaluación. Desde luego, deben descartar toda maldad en ustedes mismos antes de que puedan intentar evaluar el misterio. Y, cuando despunte la fe, cérquenla con disciplina y autocontrol, a fin de que el tierno retoño pueda ser protegido de los chivos y vacas, de la variada masa de los cínicos; incrédulos. Cuando su fe se haya convertido en un árbol fuerte, estos mismos cínicos podrán descansar bajo la sombra que ofrecerá.

Orilla del río Chitravati, Puttaparthi, 23-02-1958.