Mensaje de Prashanti Nilayam 25-04-2019

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Así como un pez solo puede vivir inmerso en el agua y sintiendo este elemento a su alrededor, el ser humano es un animal que solo puede vivir inmerso en la bienaventuranza. Uno debe tener bienaventuranza no solo en el hogar, en la sociedad y en el mundo, sino también, y por sobre todo, en el corazón. De hecho, la bienaventuranza en el corazón produce bienaventuranza en todas partes. El corazón es la fuente de la alegría. Deben abrevarse de esta fuente por medio de la constante meditación, la recitación de los nombres de Dios y la permanencia intermitente en la gloria, la gracia y las inagotables manifestaciones del Señor. Manténganse fijos en la meta; el devoto nunca debe volverse atrás. No den cabida a la duda ni a la desesperación. Quien conduce un automóvil se concentra en el camino, ansioso por salvarse y salvar a los demás de un accidente. En este caso, el miedo induce a la concentración de la mente. El amor es una fuerza más grande para ayudar a la concentración. Con un amor estable y resuelto, la concentración se hace intensa e inconmovible. (Discurso, 23 de noviembre de 1961)