La unidad en la unidad (12/05/1968)

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( Impreso en castellano en Mensajes de Sathya Sai, Tomo 06 cap. 43 )

La unidad en la unidad

12 de Mayo de 1968

Bombay

Bharatiya Vidya Bhavan Campus

LA ENSEÑANZA BÁSICA de los sabios de la India acerca del valor espiritual ha sido descuidada tan desastrosamente que una egoísta codicia y una cruel competencia han robado toda felicidad y paz del corazón de esta tierra. La vida se ha vuelto artificial y anémica, llena de ansiedad y de temor. ¡En esta coyuntura, en esta ciudad de Bombay han construido ustedes esta Morada de la Rectitud (Dharmakshetra)! En esta era de bombas atómicas ustedes han erigido un altar para la bienaventuranza del Alma. Ésa es en verdad una señal de su fe y devoción; fe en los ideales de esta tierra y devoción por las más altas tradiciones nutridas por los sabios. Las semillas de esta búsqueda de la dicha eterna están latentes en los corazones de los hombres. Algunos las alimentan, algunos se ocupan de ellas hasta que florecen, pero muchos otros no han reconocido su existencia; cultivan espinas y cardos, árboles que producen amargura y un feroz odio.

El hombre no es una mera criatura arrojada por la naturaleza en el proceso de un azar evolutivo. Tiene un significado especial, una misión especial, un papel único. ¡Él es la Divinidad encajada en este cuerpo humano! El Señor Krishna afirma en el Gita (capítulo XV, versículo 7): «Ciertamente una porción de mí en este mundo de la vida es transformada en estos individuos» («Mamaivaso jiva loke jiva bhuthah ). Él es quien mueve y motiva al hombre. Así, el hombre es una unidad de esa Unidad, es hijo de la inmortalidad, colocado en este mundo mortal, en esta forma mortal. El cielo no es una región supraterrestre de eterna primavera; es una experiencia interna, un estado de suprema felicidad.

Cuando se les pregunta de dónde vienen, responden rápidamente «de Delhi» o «de Calcuta», pero ésos son los lugares de donde han venido sus cuerpos a Bombay. Dentro del cuerpo, como su fuente, sostén y soporte, está el corporificado, en distinción al cuerpo. ¿De dónde ha venido? Eso está más allá de sus conocimientos. Investigar esto, descubrir la respuesta; ésa es la tarea del hombre. Serán liberados de este papel sólo cuando hayan superado esta colosal ignorancia y alcanzado la fuente, el sostén y el soporte, no sólo de su aparente individualidad sino de todas las múltiples y multiformes chispas de esa fuerza divina y única. No demoren más; los minutos están pasando raudos; inspírense por el anhelo de beber el néctar del conocimiento de su verdadero valor.

Se dice que el conocimiento se adquiere al seguir el método analítico y dividir las cosas, sentimientos, experiencias, etcétera, en categorías, agradables y desagradables, dañinas y benéficas, duraderas y temporales. El conocimiento superior, sin embargo, unifica, lo hace a uno consciente del Uno que aparece como los muchos, revela la verdad sobre la cual la falsedad se superpone. Para descubrir esta verdad, los textos clásicos han establecido dos códigos de disciplina, uno externo y el otro interno. El externo es nishkama karma, la actividad que se hace como dedicación y adoración; o la actividad que se lleva a cabo con amor, por un sentido de deber, sin importar el beneficio que pueda resultar de ella, sin apego a los frutos de la misma. La interna es dhyana, la meditación en el esplendor del cual uno no es sino una chispa. La actividad debe ser regulada por la rectitud (dharma) y entonces nos lleva a Brahman (Dios), la verdad básica del universo, incluyendo uno mismo.

Naturalmente, tenemos entre nosotros a muchos que pueden exponer estas disciplinas y hablar de ellas cori gran entusiasmo desde muchas tribunas. Se inflan de orgullo de que los sabios de esta tierra han explorado y explicado el camino de la paz y de la felicidad, pero la exposición sin la experiencia no será convincente; sólo las palabras que vienen de la profundidad de la experiencia de la Verdad pueden convencer, pues la verdad es tan abarcante e integradora que no ve ninguna distinción. La verdad es la corriente y el Amor la lámpara, y debe iluminar. Por medio de la verdad pueden experimentar amor; por medio del amor pueden visualizar la verdad. Amen a Dios y verán a Dios en cada criatura. O pueden empezar con el individuo y ampliar el círculo del amor hasta que envuelva a toda la creación.

Hagan que la mente more siempre en Dios; que vea a todos como a Dios. Esto es lo que se describe como concentrarse en un solo punto. Si es fijada así, abandonará su tendencia a buscar faltas y debilidades en los demás; no correrá tras lo corrupto y lo frívolo, no acumulará lo trivial y transitorio. El cuerpo es como el envase de la linterna; los sentidos son el foco; la mente es la batería, pero tiene a la inteligencia como interruptor. Entonces no irá detrás de lo indeseable, será usada sólo para ayudar al progreso del hombre hacia su destino divino.

El terreno sobre el cual se ha inaugurado hoy el edificio Sathyadip (La Luz de la Verdad) se llama Dharmakshetra; es un nombre muy apropiado para un lugar desde el cual ha de difundirse el mensaje de la verdad, la rectitud, la paz y el amor a las lejanas tierras sedientas de estas puras y claras aguas.

La palabra Dharmakshetra es la primera del Gita. En el primer versículo de ese Canto Celestial, el Kurukshetra (campo de acción) sobre el cual «mi pueblo», como lo designó el rey ciego Dritarashtra debido a su tonto apego y su egoísta engaño (es decir, gente motivada por la codicia y la pasión) se enfrenta a los Pandavas (los otros, los buenos y rectos, los hijos del justo, la progenie de lo puro) es nombrado como ya transmutado en un Dharmakshetra (campo de rectitud), pues la victoria es siempre de los rectos y no de la codicia y de la pasión que ciegan al hombre, porque el Señor está del lado de los primeros; él es el auriga, escogido como tal y dispuesto a servir como tal. La palabra Dharmakshetra es un recordatorio, una advertencia, una lección, una inspiración, una luz. Deben albergar esta palabra en sus corazones, pues allí también las fuerzas de la rectitud y de la codicia están trenzadas en combate y las fuerzas de la justicia reciben la ayuda del Señor para triunfar.

Los Himalayas son la cabeza de Bharat; Kanyakumari (el Cabo Comorín) es los pies; Bombay es el estómago; Prashanti Nilayam, el corazón. El estómago recibe alimento y distribuye energía a todas las partes del cuerpo. Su responsabilidad es grande; si la descuidan, toda esta tierra y todo lo que representa sufrirá. Han asumido la responsabilidad de efectuar la Conferencia Mundial de las Organizaciones Sathya Sai aquí la próxima semana, y es una gran oportunidad para la expresión del amor y la hermandad. El Comité de Servicio integrado por jóvenes, hombres y mujeres, que han adiestrado y organizado será una inspiración y un ejemplo para todos los Estados de la India. Si son guiados de manera apropiada, los jóvenes de la India pueden ser salvados de las aventuras de la imitación, las andanzas sin rumbo en los reinos de la fantasía; pueden ser llevados a actividades constructivas saturadas de amor y compasión donde su entusiasmo y destreza pueden ser mejor utilizados.

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