Sathya Sai Gita (I) (27/09/1960)

100

( Impreso en castellano en Mensajes de Sathya Sai, Tomo 01 cap. 29 )

Sathya Sai Gita (I)

27 de Septiembre de 1960

Prasanthi Nilayam

En el Sathya Sai Gita que Thirumalachar acaba de leer y explicar, él le ha dado mi nombre a la verdad (Sathya) que él ha experimentado. Las personas que me han visto son muchas, pero aquellas que han entendido mi significación son pocas; así también, aquellos que han visto el Gita, o sea, que lo han leído y aprendido de memoria, son legión; pero aquellos que han captado el sentido son pocos. El Gita debe ser thagi o sea, en télugu, bebido o embebido. Entonces se volverán ustedes thyagis, personas que han renunciado a sus deseos mundanos pero no a sus actividades en el mundo, llenos de desprendimiento (vairagya), libres del insensato apego al mundo sensorio. El abandonar las cosas que agradan y atan, que atrapan y esclavizan, eso es lo que se quiere decir por vairagyam.

Otra cosa acerca del Gita es que no habla de la condición del jefe de familia (grihastha). Trata de los fundamentos de la vida, no el vivir en este compartimiento o en aquél sino el vivir en sí, y de los problemas más profundos de ella. Un padre de familia repitió esto a otro y por eso el Gita no manda evadir la vida como un recluso. Esa es la lección, tanto en aquel Gita como en éste.

Gita significa canto; Krishna canta en Brindavan con la Flauta. Él canta en el campo de batalla también; en ambos lugares el llamado es para que lo individual se funda con lo infinito, lo universal. Para Él, el lugar de peligro (rudrabhumi) y el lugar seguro (bhadrabhumi) son iguales; ambos han sido colocados al mismo nivel para impartir enseñanza (upadesha) en la forma que más le gusta al devoto, a saber, en un canto. ¡E imaginen con qué concentración lo escuchó Arjuna! Su concentración era tan fuerte como la de las gopis o pastoras que escuchaban el mensaje de la flauta en Brindavan. Él olvidó los ejércitos opuestos, sus propios odios y entusiasmo por la guerra y se sumergió en la enseñanza que le daban. Si desarrollan esta concentración en un solo punto (ekagratha) en el Kurukshetra de sus propios campos de batalla podrán sin duda escuchar también el Gita, el Bhagavan Gita o el Sai Gita o el Sathya Sai Gita, que todos van dirigidos hacia ustedes.

El Gita se cantó para remover el engaño (ajñanasammoha) causado por la ignorancia, y lo logró con respecto a Arjuna; otros, como Sanjaya y Dhritharashtra también lo oyeron sin beneficio, porque estaban todavía atados por su propia clase de ignorancia (ajñana). Dhritharashtra estaba todo el tiempo preocupado porque la batalla no hubiera empezado y porque los enemigos de sus hijos no hubieran sido destruidos. Y no se benefició. Muchos leen el Gita pero pocos se benefician de él. Deben tener el desapego y la concentración de Arjuna para aprovechar el Gita. Para ello son esenciales pureza de corazón y firmeza en la actitud.

El engaño de Arjuna era el sentimiento del yo y lo mío. De repente se sintió como el que mataba, que sería responsable y que aquellos eran sus maestros y mayores y parientes. Este sentido del yo (mamakara) debe desaparecer; el yo debe ser traspasado y todas las palabras, acciones y pensamientos deben ser dedicados al Señor. El infante llora tan pronto como nace, pues el jiva o alma individual no tiene ningún deseo de enredarse una vez más en la materia (prakriti). No quiere volver a esta maya. La ciencia lo describe como el proceso de respirar por primera vez y el aclarar el pasaje del aire, pero ¿por qué debe llorar? El proceso podría empezarse de alguna otra manera, digamos, con temblores y escalofríos, ¿no es así?

El niño lloroso debe más tarde dejar este mundo riéndose; la vida debe juzgarse por el fin. El amor es la semilla, la devoción es la joven planta, la fe es el abono, y la compañía de los buenos es la lluvia, la dedicación incondicional al supremo (atmarpana) es la flor, y la unión con Dios (aikyam) es el fruto. Con esto, se desecha este lazo que lo ata, y se libera.

El Gita aconseja el karmasanyasa, o sea, el karma sin apego al fruto del mismo. Hay karmas que deben hacerse como deberes, relacionados con la posición en la ronda de nacimientos (samsara) y si se hacen con el espíritu apropiado, no atarán en absoluto. Hagan todo karma como actores en un drama, manteniendo su identidad separada y sin apegarse demasiado a su papel. Recuerden que no es más que un juego, un drama, y que el Señor les ha asignado un papel; hagan bien su papel, allí termina todo su deber. Él ha diseñado el drama y Él se divierte con él.

El alma universal (atma) es el océano; la tierra (prakriti) no es sino una ola en este océano vastísimo y eterno, y el alma individual (jiva) no es sino una gota en esa ola. No pueden abandonar, ni la ola ni el océano. Sólo pueden fundirse dejando el nombre y la forma de la gota. Una vez que entran a las profundidades del mar, todo es calma, todo es paz; la agitación, el ruido, la confusión, todos están sólo en la superficie. Así también en los rincones más recónditos del corazón, hay una reserva de paz donde deben refugiarse.

Hay tres clases de personas: las tamásicas, que son como bolas de hierro, impermeables a cualquier influencia ablandadora; las rajásicas, que son como el algodón, absorbentes, pero no cambian su propia naturaleza; y las sátvicas, que se derriten como la mantequilla ante la alegría o dolor ajeno, o a la mención de los juegos divinos (lilas) del Señor. Se sumergen profundamente en la fuente y manantial de la simpatía. La ira, la envidia, la codicia y la intolerancia son como huecos en la vasija; las aguas de la paz (shanti), de la felicidad (saukhya) y del contento (santhosha) se escapan por los huecos y la vasija se vacía. La vasija debe ser reparada y deben taparse todos los huecos para que pueda ser útil. Ustedes llaman al Señor cuando están en una situación desesperada olvidando su orgullo y su egoísmo. Los Pandavas estaban tan llenos de miserias en un sentido mundano, que estaban siempre en actitud de oración. Si yo les hubiera dado a ustedes todas las comodidades y oportunidades, no habrían venido a Puttáparthi. La dificultad es la carnada con la cual se saca al pez del agua. Kunthi le pidió a Krishna que continuara dándoles a ella y a sus hijos toda clase de miserias para que Él pudiera otorgarles su gracia continuamente.

Thirumalachar llamó esta actitud la de atma-arpana, pero el atma es Él mismo; y así ¿qué quiere decir con ofrecérsele a Él a sí mismo? Lo que deberían ofrecer a sus pies es su egoísmo, su ahamkara. Ofrezcan todo el orgullo, todo el estado de separación, todo el engaño, todo el apego que el egoísmo ha desarrollado. Esta es la adoración que deben hacer. Tráiganme todo el mal que está dentro de ustedes y dejándolo aquí, tomen de mí lo que tengo, Amor; aprendan a ver a todos como movidos y motivados por el único Paramatma.

Examinen cada día lo que hacen y con qué motivos; entonces podrán pronunciar juicio sobre su progreso. Seleccionen solamente los motivos puros, las acciones puras. Olvidaron que son el atma y ahora recuerdan que son el atma. Ese es todo el progreso que tienen que alcanzar; parece muy fácil, pero es una de las tareas más difíciles. El oído está muy cerca del ojo, pero no lo puede ver directamente. Había un payaso en el palacio que siempre estaba haciendo preguntas y por lo tanto era considerado muy molesto. El rey tuvo que poner un letrero que decía: «No pregunte» para escaparse de él. Pero cuando el rey estuvo en su lecho de muerte, lo llamó y le susurró: «Me voy». El payaso le preguntó rápidamente: «¿Debo ordenar el carro real? ¿El elefante con el howdah? ¿El caballo real todo enjaezado? ¿El palanquino? ¿Hasta dónde va? ¿Cuál es el lugar exacto? ¿Cuánto tiempo va a acampar allí?» Este payaso era muy sabio. Él conocía las preguntas; empero, las respuestas no las sabían ni él ni el rey. Pero ustedes pueden pasar en los exámenes sólo si saben las respuestas.

El Gita los mueve a buscar las respuestas y los dirige a experimentarlas. Les ayuda a controlar las agitaciones de la mente (chitta); destruye el engaño; desarrolla el verdadero conocimiento; les hace vislumbrar el esplendor del Señor y confirma su fe. Ustedes dicen en un momento: «Baba lo hace todo, no soy sino el instrumento» y un instante después la misma lengua dice: «Yo hice esto, yo hice aquello. Swami no hizo eso por mí». Si nunca hacen nada malo, pueden estar siempre seguros de su gracia.

Todos los corazones son su propiedad, todos son de su dominio. Pero al igual que el zamindar (terrateniente) que se sienta sólo en un lugar limpio, aunque toda el área sea suya, el Señor se instalará solamente si el corazón está limpio. El Señor ha dicho que «donde mis devotos canten mi alabanza, allí me instalaré». Debo decirles que son más afortunados que los hombres de las generaciones anteriores. El mérito acumulado de muchos nacimientos anteriores les debe haber otorgado esta suerte. Me tienen a mí, es su deber ahora desarrollar esta relación que han logrado por mera buena fortuna. Dentro de cuatro o cinco años, verán a yoguis, maharishis y munis apiñándose aquí y ya no tendrán tantas oportunidades de hacerme preguntas y de obtener las respuestas, de acercarse a mí y de hablarme directamente. Así es que no actúen como ranas alrededor del loto; sean como las abejas. Los plátanos y mangos se guardan, mientras están verdes, en paja o hierba seca o en una habitación cerrada para que el calor los madure y les dé sabor. La meditación sobre Dios les dará la temperatura apropiada para madurarse y volverse dulces y sabrosos.

Hay siete cosas que deben promoverse para el bienestar del mundo: la madre, el aspirante hacia Brahman o el brahmin, los Vedas, la castidad, la verdad, el no apego y el dharma. Todos éstos están ahora en decadencia y he venido para restaurarlos en su primitiva pureza y potencia. No piensen que este Sathya Sai Gita ha sido compuesto por algún devoto y que lo leyó y explicó aquí. Como él dijo, yo soy el inspirador y él ha resumido mi enseñanza de esta manera para beneficio de ustedes. Ekam Sathyam vimalan achalam, se dice. La verdad una es pura e inquebrantable. Thirumalachar la ha reunido a su manera y se la está dando a ustedes.

Desde luego que nadie puede descubrir el misterio del Señor. Ni Visvamitra, quien vino a Dasaratha y le pidió a los dos muchachos, exaltándolos como encarnaciones divinas, y luego olvidó ese hecho y se atrevió a enseñarles mantras como si fueran discípulos ordinarios. Él hasta se enorgulleció de que el Señor que había transformado a Ahalya y la había liberado de la maldición, era su discípulo. El orgullo es uno de los peores pecados en el campo espiritual. Si sienten orgullo por ser devotos de Hari, Él los harirá (destruirá en télugu), recuérdenlo. La autoentrega (saranagati) debe ser como la actitud de Lakshmana. Rama dijo: «Llévate a Sita y déjala en la selva». ¡Obediencia implícita! No hay ningún porqué. Ése era Lakshmana. Esta es la autoentrega; el resto merece sólo el Saragathi, la flecha de Rama.

Este es el verdadero Gita, esta lección de autoentrega. Aumenten la fe, caminen por el sendero del dharma, libérense del engaño (vyamoha) y de la ignorancia (ajñana), limpien las actividades de la mente (chittavritti) y sepan que Él es el atma y que ustedes también son el atma.

Prashanti Nilayam, 27-09-1960.